
Algunas formas parecen habitar el movimiento incluso cuando permanecen inmóviles.
Para esta historia partimos de esa idea. Las líneas del BMW Z3 y el cuerpo humano comparten una misma intención: avanzar, fluir, transformarse. No como elementos separados, sino como parte de una misma composición.

Le pedí a Evangelina que danzara. Que transitara de una postura a otra como en una secuencia de vinyasa, dejando que cada gesto encontrara su propio ritmo. La fuerza y la delicadeza, la tensión y la libertad, aparecieron de manera natural frente a la cámara.
Nada durante aquella jornada fue sencillo.
La lluvia apareció y desapareció. El sol cambió constantemente la escena. El viento intervino una y otra vez. Las hormigas reclamaban su lugar en el paisaje. Todo parecía conspirar contra el control absoluto.

Y quizás por eso funcionó.
Para fotografiar esta sesión decidí utilizar un antiguo objetivo Olympus que había permanecido guardado durante décadas. Fue una decisión que compartí con mi padre antes de realizar la sesión. Le entusiasmaba la idea de devolverle la vida, permitir que volviera a mirar el mundo después de tantos años de silencio.

Cada imagen conserva algo de esa conversación.
El tocado, la falda y la atmósfera creada por Maar Negrete terminaron de construir el escenario. Por momentos olvidamos que estábamos inmóviles. Las formas parecían desplazarse por sí mismas.
Flow habla precisamente de eso.
De avanzar sin prisa. De adaptarse a lo inesperado. De entender que el movimiento no siempre ocurre en el espacio; a veces ocurre dentro de nosotros.
Mientras la danza continuaba, SuperWalküre permanecía ahí, no como un objeto estático, sino como otra presencia dentro de la historia.
Todo fluía.
Modelo: Evangelina
Vestuario: Maar Negrete
Automóvil: BMW Z3 SuperWalküre
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